miércoles, 25 de septiembre de 2013

Edad de Oro

Cuando una noble vida ha preparado la vejez, no es la decadencia lo que ésta recuerda: son los primeros destellos de inmortalidad.

Es por ello cosa estupenda ver un viejo que asume la segunda parte de su vida con tanto coraje e ilusión como la primera. Para ello tendrá que empezar por aceptar que el sol del atardecer es tan immportante como el del amanecer y el 
mediodia, aunque su calor no siente nostalgia de su brillo matutino, no piensa que las horas del dia le esten "echando" del cielo, no se experimenta menos luminoso ni hermoso por comprobar que el ocaso se aproxima, no cree que su resolana sobre los edificios sea menos importante o necesaria que la que hace algunas horas hacía germinar las semillas en los campos, o crecer las frutas en los arboles. Cada hora tiene su gozo. El sol lo sabe y cumple, hora a hora, su tarea... ¡Ah, si todos los ancianos entendieran que su sonrisa sobre los hombres puede ser tan hermosa y fecunda como ese último rayo del sol antes de ponerse! 

Fuente: J.L Martin Descalzo

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